Pastoral de la Salud

de la Parroquia de San Leandro de Sevilla

UNCIÓN COMUNITARIA DE LOS ENFERMOS

PPT UNCIÓN DE ENFERMOS

GALERÍA FOOGRÁFICA

UNCIÓN DE ENFERMOS 2010

Fotos: Juan Ojeda

DOMINGO 17 A LAS 12

 

PARA ANTES DE VISITAR A LOS ENFERMOS

Yo sé Señor que es a tí
a quien quieren ver.
Pero me elegiste a mí para visitarles a ellos,
tus preferidos, los enfermos.
Déjame transparentar tu rostro,
para que yo te pueda hacer visible
y mi hermano te encuentre a ti, aunque sea a través de mí.
Poco puedo yo hacer.
Inspírame la palabra necesaria, el gesto más cariñoso.
Que en mí descubra toda la ternura de tu corazón.
Es difícil, Señor; por eso te lo pido.


CUANDO LE LLEGA A UNO LA ENFERMEDAD

Cuánto cuesta Señor tener que dejar el ritmo de mi vida,
al que estoy acostumbrado.
Pero a ti, Señor, se te ha ocurrido ahora que esté enfermo.
Sí, ya sé que tú no quieres la enfermedad.
Pero si siempre estoy contigo, permíteme echarte las culpas.
Ni siquiera sé si es que en el fondo necesito a alguien
más íntimo que yo mismo con quien hablar.
Ahora tengo que cambiar el ritmo de todo
y me duele no poder llegar.
Pues con culpa o sin ella, Señor,
a quién si no a ti voy a contar lo que me pasa.

PARA VISITAR A UN ANFERMO

Hoy, Señor, me toca ver a algunos de tus amigos,
y de verdad que no tengo ganas.
Pero como sé que no es por mi gusto sino por ti,
lo haré lo mejor posible.
Solo una cosa te pido,
si tú eres el más importante,
si todo lo hago por ti y en ti,
quisiera también que vinieras conmigo.
Si me acompañas no me costará nada.


Catequesis de la Unción

Felicitación

FELICITACIÓN A LOS ENFERMOS

La enfermedad, la soledad y los años necesitan mucha serenidad y paz.
Al desearte una tranquila Navidad quisiéramos que durmieras bien, que comieras lo necesario para tu salud y que tuvieras cerca a quienes te queremos

En los días de la Navidad pensamos en ti, en tu dolor, en tus sufrimientos, en tu soledad. Nos gustaría ser de tu familia, porque te tenemos presente en todas nuestras actividades y sentimos mucho cuando nos dicen que alguien se encuentra mal, que está en el hospital o que le ha ocurrido algo malo.

Quisiéramos poder demostrarte que el Señor nunca te abandona y que lo puedes encontrar dentro de tu corazón. Nosotros quizá no sabemos hacer bien nuestro trabajo, pero te queremos expresar nuestros sentimientos y nuestro cariño.

Tú eres nuestra navidad, la presencia del mismo que nació en Navidad. Mientras te podamos llevar algo de paz y de alegría estaremos celebrando la única Navidad.


CATEQUESIS SOBRE LA UNCIÓN DE ENFERMOS

La comunidad cristiana de San Leandro se siente feliz de estar cerca de todos los enfermos y necesitados.

¡Ayúdanos a ser fieles a nuestra misión!

 

A VOSOTROS OS LLAMO AMIGOS


El Señor viene a tu corazón y todo se viste de fiesta

para que lo recibas con toda tu alma.


¡FELICIDADES!

Filipenses 4,4-7

 

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca.
Nada os preocupe; sino que en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

 

 


DECÁLOGO DEL ENFERMO
J.Leoz


1. Piensa siempre en positivo. Las cosas, a veces, no son tan graves como nos parecen.
2. Sé agradecido con los que cuidan y te rodean. La palabra “gracias” es siembra de muchos gestos y de otras tantas atenciones.
3. Pon en manos de la ciencia tu enfermedad. Los verdaderos profesionales buscarán, estudiarán y harán lo mejor para ti.
4. Haz sabedor, por tu oración, de tus sufrimientos a Dios. Sin tú intuirlo, El ya te acompaña de antemano en tu cruz.
5. Déjate cuidar. No siempre nos podemos valer por nosotros mismos. Recuerda las veces en las que, tú, también hiciste algo parecido con los demás.
6. Reza un poco más. La oración consigue dos cosas importantes: aumenta nuestra confianza y nos pone en línea directa con el Señor.
7. Sé paciente. Si el mundo no se hizo en cuatro días, el cuerpo humano nos puede sorprender de la noche a la mañana. ¡Espera! ¡No desesperes!
8. Busca, de vez en cuando, la soledad. Ella te hará recordar momentos de felicidad, rostros que te ayudarán a enfrentarte a tu debilidad.
9. Mantén tu afecto e ilusión por la vida. Nunca digas “¡basta!”. Dios, y la mano del hombre, cambiarán tu suerte.
10. Conserva el buen humor, si eres alegre. La sabiduría, si eres sabio. La entereza, si eres fuerte. La serenidad, si eres sensato. La fe, si eres creyente y no olvides decir “te esperaba” cuando alguien, cercano o lejano, te haga una visita.

Y, si por lo que fuera, te resulta difícil convivir con tu enfermedad. Pídele a Dios, con todas tus fuerzas, que no sea más grande el dolor que tu capacidad para aguantarlo. ¡Verás como lo consigues!

RITO DE LA

UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

Hermanos: para participar con fruto en esta celebración, comencemos por reconocer nuestros pecados.
(silencio)
Yo confieso...
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R/ Amén


LITURGIA DE LA PALABRA

LITURGIA DEL SACRAMENTO


-Tú, que soportaste nuestros sufrimientos y aguantaste nuestros dolores, Señor, ten piedad.
-Tú, que te compadeciste de la gente y pasaste haciendo el bien y curando a los enfermos,Cristo, ten piedad.
-Tú, que mandaste a los apóstoles imponer las manos sobre los enfermos, Señor, ten piedad.


BENDICIÓN DEL ÓLEO


Tú que has hecho que el leño del olivo produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo, enriquece con tu bendición + este óleo, para que cuantos sean ungidos con él sientan en el cuerpo y en el alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.
(Si ya está bendecido)
Mitiga, Señor los dolores de este hijo tuyo, a quien ahora, llenos de fe, vamos a ungir con el óleo santo; haz que se sienta confortado en su enfermedad y aliviado en sus sufrimientos. Por Jxto...


SANTA UNCIÓN


Por esta Santa Unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo.
R/ Amén.
Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad.
R/ Amén.
Oremos
Señor Jesucristo, Redentor de los hombres, que en tu Pasión quisiste soportar nuestros sufrimientos y aguantar nuestros dolores, te pedimos por N. que está enfermo; Tú, que lo has redimido, aviva en él la esperanza de su salvación y conforta su cuerpo y su alma. Tú que vives y reinas...
R/ Amén


CONCLUSIÓN


Y ahora, todos juntos invoquemos a Dios con la oración que el mismo Cristo nos enseñó:
Padre nuestro...La Bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

 

PREFACIOS DE LA MISA DE ENFERMOS

PREFACIO ENFERMOS I

Te damos gracias,
Padre fiel y lleno de ternura,
porque tanto amaste al mundo
que le has entregado a tu Hijo,

para que fuera nuestro Señor y nuestro hermano.
Él manifiesta su amor
para con los pobres y los enfermos,
para con los pequeños y los pecadores.
Él nunca permaneció indiferente
ante el sufrimiento humano:
su vida y su palabra son para nosotros
la prueba de tu amor;
como un padre siente ternura por sus hijos,
así tú sientes ternura por tus fieles.

Por eso,
te alabamos y te glorificamos
y, con los ángeles y los santos,
cantamos tu bondad y tu fidelidad, proclamando el himno de tu gloria:


PREFACIO DE ENFERMOS II


En verdad es justo darte gracias,
Dios de misericordia,
Señor todopoderoso,
por Jesucristo, Señor y Redentor nuestro.

Porque has querido que tu único Hijo,
autor de la vida,
médico de los cuerpos y de las almas,
tomase sobre sí nuestras debilidades,
para socorremos en los momentos de prueba
y santificamos en la experiencia del dolor.
En el sacramento de la Eucaristía"( En el sacramento de la Unción),
por la oración de la Iglesia,
nos libras del pecado,
nos confortas con la gracia del Espíritu Santo
y nos haces partícipes de la victoria pascual.

Por este signo de tu benevolencia,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos, a una voz,
el himno de tu gloria:

PREFACIO DE ENFERMOS III



En verdad es justo, darte gracias
y deber nuestro a1abarte,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
en todos los momentos y circunstancias de la vida,
en la salud y en la enfermedad,
en el sufrimiento y en el gozo,
por tu siervo, Jesús, nuestro Redentor.
Porque él, en su vida terrena,
pasó haciendo el bien y
curando a los oprimidos por el mal.
También hoy, como buen samaritano,
se acerca a todo hombre
que sufre en su cuerpo o en su espíritu,
y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.
Por este don de tu gracia,
incluso cuando nos vemos sumergidos en la noche del dolor,
vislumbramos la luz pascual
en tu Hijo, muerto y resucitado.

Por eso,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos a una voz
el himno de tu gloria;

PREFACIO DE ENFERMOS IV

Realmente, Señor,
queremos darte gracias
por la revelación liberadora
que nos has hecho en tu Hijo Jesucristo,
Señor y hermano nuestro.

Él es el verdadero samaritano,
que se ha inclinado sobre los hombres malheridos y desgraciados
por los infortunios de su destino
y por los pecados de su voluntad.
Tú nos revelas, Padre nuestro, que somos nosotros
ese hombre desvalido y despojado que ha quedado fuera del camino.
Pero junto a este juicio duro,
que tu Palabra profética hace
sobre nuestras pretensiones orgullosas,
nos anuncias la venida de tu Hijo,
que camina a la vera de nuestro caminar y venda y unge nuestras heridas.
Gracias, Padre,
porque no andamos solos por la vida ni marchamos a la deriva,
perdidos en la niebla de la soledad.
Tú eres presencia constante a nuestro lado,
presencia palpable y sensible
en tu Hijo hecho carne, hombre como nosotros.
Presencia hoy actual,
mediante tantos samaritanos
que. siguiendo las huellas de Cristo,
saben pararse y cambiar de rumbo para ofrecer sus servicios y amor
a los necesitados de él.
Al saber de tal presencia,
nos sentimos reconfortados y alegres, animosos y fuertes.
La presencia del Dios invisible y del Cristo visible
nos transforma y nos alienta, como que nos hace otros.

Llenos de gozo.
rompemos a cantar el himno de los ángeles, diciendo:

PREFACIO DE ENFERMOS. V


María, madre del consuelo

En verdad es justo y necesario
darte gracias
y ofrecer un himno de bendición y alabanza,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, para ser consuelo del mundo,
fue concebido con gozo por la siempre Virgen María,
que lo engendró en sus entrañas purísimas.
Ella, junto a la cruz del Hijo,
después de soportar los dolores, fue consolada por ti
con la esperanza de la resurrección.
Estando en oración con los apóstoles,
pidió ardientemente y esperó confiada el Espíritu del consuelo y de la paz.
y ahora, elevada al cielo,
consuela con amor de madre
a todos los que la invocan con fe,
hasta que aparezca el día glorioso del Señor.

Por eso,
con los ángeles y los santos
cantamos tu gloria, diciendo:

PREFACIO DE ENFERMOS VI


María, salud de los enfermos

En verdad es justo darte gracias
y deber nuestro glorificarte, Padre santo.
Porque la santa Virgen Mana,
participando de modo admirable en el misterio del dolor,
brilla como señal de salvación
y de celestial esperanza
para los enfermos que invocan su protección;
ya todos los que la contemplan,
les ofrece el ejemplo de aceptar tu voluntad
y configurarse más plenamente con Cristo.
El cual, por su amor hacia nosotros,
soportó nuestras enfermedades
y aguantó nuestros dolores.

Por él,
los ángeles y los arcángeles y todos los coros celestiales
celebran tu gloria,
unidos en común alegría.
Permítenos asociamos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:


PREFACIO DE ENFERMOS VII


Realmente es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
bendecirte, Señor, Padre nuestro,
por medio de Jesucristo,

quien desde el principio existe junto a Ti,
por quien has creado el universo.
Él, con la fuerza de su palabra y de sus gestos,
dominó la enfermedad y la muerte.
Vino a todas las aldeas del mundo
para conjurar la fiebre de los hombres,
levantarlos desde sus lechos
y ayudarlas a que se dispusieran a servir
con la fuerza de tu evangelio.
Revuelto el corazón del hombre
por el pecado y el egoísmo,
su mundo interior y toda la creación
padecen misteriosamente una fiebre extraña;
la injusticia, el odio y la mentira,
la guerra, la alienación y la esclavitud
han sido y son pan
que el hombre come cada día.
Tú, sin embargo, Padre,
enviaste a tu Hijo,
para que dominara las tinieblas
y curase a los enfermos de diversos males.

En medio de las dificultades,
proclamamos la fe en el Salvador
y ofrecemos el sacrificio de nuestra alabanza
cantando con todos los santos
del cielo y de la tierra el himno de tu gloria:

ENSÉÑAME A ENVEJECER


Señor, enséñame a envejecer. Convénceme que no todo el mundo es injusto conmigo.
Quítame el orgullo de mi experiencia pasada, el sentimiento de creerme indispensable.
Haz, Señor, que yo sea todavía útil al mundo, contribuyendo con mi optimismo y oración a la alegría y al entusiasmo de quienes tienen todas las responsabilidades,
viviendo en contacto humilde y sereno con el mundo que cambia.
Perdóname si sólo en esta hora de la tranquilidad he caído en la cuenta de todo cuanto me has amado y ayudado.
Que ahora al menos vea con claridad el destino feliz que nos preparas a todos y hacia el cual estoy orientado desde el principio de mi vida.
Señor, enséñame a envejecer así
(G. Perico)

LA ORACIÓN DEL ANCIANO


Señor, te agradezco haberme dado una vida larga. Porque la vida es el primero de los bienes que nos has dado y en él están contenidos los otros. Cuando se llega la término de la vida se la tiene toda entera entre las manos.
Y yo te lo agradezco; Señor, con el cortejo de alegrías y penas, de acciones buenas y menos buenas, con los entusiasmos y las decepciones, con los que han acompañado mi vida, los que han desaparecido, los que les han sucedido, los que continúan y aquellos que llevan el peso del día que yo también llevé. Dios mío, dame la pureza del anciano que no busca nada para sí y deja un recuerdo de paz. Yo miro hacia ti, Señor. Tu venida es mi luz
(J. Leclercq)

 

POR LOS ENFERMOS


Dios y Señor nuestro,
salvación eterna de cuantos creen en ti,
escucha las oraciones que te dirigimos
por tus hijos enfermos;
alívialos con el auxilio de tu misericordia
para que, recuperada la salud,
puedan darte gracia en tu Iglesia.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

NADA TE TURBE


Nada te turbe,
nada te espante.
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta:
sólo Dios basta.
(Sta. Teresa de Jesús)